Nunca más nos podremos sentar en aquella colina
Recuerdo cosas que otros han olvidado, sé que lo han olvidado. Trato de ocultar el dolor, cada vez más sofocante, no puedo darme el lujo de temblar, uso mis palabras ásperas para que nadie sospeche lo que hay detrás.
Poco a poco la juventud se nos escapa del cuerpo mientras nuestros vicios se acrecentan, no ha muerto nadie de nosotros y alguien debe de hacerlo, tal vez la muerte podría traer el recuerdo a su mente...
Oh, los humanos somos muñecos cansados de bailar...
Éramos tan jóvenes que no lo sabíamos, bebíamos como si no hubiera tiempo, no había futuro, pero estábamos juntos, no sabía que yo era para ustedes el problema... siempre fui el problema y para mí ustedes eran...
Escribo de nuevo antes del amanecer, siento un agujero enorme en mi estómago y en mi pecho. Nada lo llena.
Odio que te hayas llevado a la única persona del pasado que quería seguir viendo mientras seguía con vida y eso nunca, nunca te lo voy a perdonar. Pero no lo diré jamás ante ti porque igual nada va a cambiar. Para esa persona siempre seré la peste. Cómo desearía dejar de bailar, desaparecer por fin de todo.
No creo poder nunca con la vida.
[20/07/19]
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Ninguno de los vicios de antes me llena ahora, no fumo, no bebo tan seguido ni me drogo, tampoco me corto... es como si hubiera perdido algo, ¿qué?
Veo a todos las personas de mi generación, las cosas marchan, no importa si bien o no, avanzan, y yo no puedo digievolucionar. Soy como un fantasma que no encuentra su cuerpo porque no sabe que yace enterrado en algún lugar de este mundo y que ahora sólo son huesos.
Nunca me voy a encontrar.
[09/19]
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La Muerte me ha dejado tan sola, tanto tiempo esperando aquel día vestida de gala para quedar vestida y alborotada, ¿por qué hasta tu me traicionas? *voz que se escucha a lo lejos* 'sientes que todos te atacan? ¿Por qué será? Siempre traté de ayudarte y como siempre me tratas como una mierda. Bueno aguantate.' *Sonrisa de satisfacción* No, tú no podrás traicionarme ni alejarte demasiado de mí, algún día te miraré cara a cara y te diré 'te dije que antes hubiera sido mejor'.
-Hide/Ren/Yohan
«En el mundo contemporáneo las almas más delicadas sucumben irremisiblemente; es necesario ser muy duros o muy cínicos para sobrevivir en él.»
sábado, 14 de septiembre de 2019
lunes, 21 de mayo de 2018
Irreversible
Vi una película en clase, te recordé. Has quedado tan lejana, pensar que con el tiempo pensaré si todo aquello realmente pasó o si no es alguno de mis delirios. ¿No crees que es sorprendente como puedes estar tan feliz de lo que pasa en tu vida, de la compañía de ciertas personas y de un momento a otro todo eso desaparece? Mi vida ha sido un loop de separaciones dolorosas y ¿sabes? Todo es mi culpa, no tengo idea de cómo no me he matado en tantas noches de desesperación donde mis brazos sangran y mis lágrimas se secan, donde mis gritos sofocados perforan mi garganta.
Estoy segura que tú me habrías enseñado esa película, por alguna razón no lo hiciste, pero es de tu tipo, sin duda. La habríamos visto, habríamos platicado sobre ella, te habría dicho lo mucho que te quería... Oh... te extraño tanto, cómo desearía que pudieras leer lo que te escribo, como quisiera volver a escuchar tu risa.
Tal vez sólo es mi dolor tomando el control de nuevo. En este momento espero la llegada de alguien, así como esperaba tu llegada aquellos años, ¿recuerdas? La ansiedad me consumía, miraba el reloj, sólo quería verte, escuchar lo que me contarías. No... no lo recuerdas, nunca supiste que te esperaba ansiosa.
No olvidemos recordarle nuestro amor a los que amamos, no olvidemos visitar a los que amamos, no peleemos con los que amamos... Pocos segundos bastan para que el tiempo lo destruya todo.
Ya casi son diez años, Laura, pero con los años te encuentro más hermosa, más distante... Con los años reafirmo que la melancolía de tu recuerdo me va a matar.
-V.C.
Estoy segura que tú me habrías enseñado esa película, por alguna razón no lo hiciste, pero es de tu tipo, sin duda. La habríamos visto, habríamos platicado sobre ella, te habría dicho lo mucho que te quería... Oh... te extraño tanto, cómo desearía que pudieras leer lo que te escribo, como quisiera volver a escuchar tu risa.
Tal vez sólo es mi dolor tomando el control de nuevo. En este momento espero la llegada de alguien, así como esperaba tu llegada aquellos años, ¿recuerdas? La ansiedad me consumía, miraba el reloj, sólo quería verte, escuchar lo que me contarías. No... no lo recuerdas, nunca supiste que te esperaba ansiosa.
No olvidemos recordarle nuestro amor a los que amamos, no olvidemos visitar a los que amamos, no peleemos con los que amamos... Pocos segundos bastan para que el tiempo lo destruya todo.
Ya casi son diez años, Laura, pero con los años te encuentro más hermosa, más distante... Con los años reafirmo que la melancolía de tu recuerdo me va a matar.
-V.C.
domingo, 27 de agosto de 2017
Miscelánea
(diarios)
Me
he sorprendido con las ganas de querer gritar. Gritarlo todo, deshacerme con el
grito. Terminar todo con un grito.
Sigo sin tener algo que me impulse.
Todo lo hago de manera mecánica. Siento como avanza el tiempo y la vida y ambos
me arrastran con ellos. Quisiera estar mejor, de verdad, pero hace mucho tiempo tuve claro que jamás podría ser una persona estable. Siempre resguardándome
en la tinta y el papel. Soy un muy patético ser.
(30-08-16)
¿Dolor?
No sé si sea dolor. Es una sensación extraña, de malestar. Pienso en ti, pero
en el de hace unos años cuando eras «mío». Nada siento. Es un recuerdo más amargo
que grato.
Existes aún, allá, lejos con alguien
que no soy yo. Ya no me duele que seas feliz con otra persona, ya no me duele
pensar que sonríes, ya no me duele imaginar que la besas ni nada… nada.
Aunque hace menos de un mes hablamos y de
cierta forma me apoyaste, terminaste clavándome por última vez un puñal, ya sin
tanto odio. Hasta un beso me tatuaste suavemente, tatuaje que tendré en mi
pecho toda la vida…
(29-12-16)
¡Que
alguien me libre de este cuerpo! Quiero escapar y correr en el campo con el
trasfondo dorado. Dejar esta atadura dolorosa. Un cuerpo caduco destinado a la
fosa. Muchos ven en la vida una creación hermosa, pero, ¿cómo pueden permanecer
tan apacibles cuando todos estamos destinados a morir siendo arrancado nuestro
espíritu de nuestra carne con dolor y llanto?
Por favor, que alguien venga y me guíe
fuera de este cuerpo que me ata. Huir lejos, aislado del mundo, del dolor, de
la pena.
¡Huyamos todos! Dejemos desolado
este mundo.
Esfuérzate
por no caer al suelo
En
este lugar donde la practicidad rige absolutamente toda nuestra manera de
vivir, trato de no caer frente a las personas que quiero, que me quieren y que
me ven. No podemos permitir nuestra caída, no podemos ni debemos entorpecer la
vía de aquellos que caminan.
Son
ilusiones que fueron
Recuerdos
¡ay! Que te engañan,
Sombras
del bien que pasó…
Ya
te olvidó el que tú amas.
Esa
noche y esa luna
Las
mismas son que miraran
Indiferentes
tu dicha,
Cual
ora ven tu desgracia.
―El estudiante de Salamanca―
Me
siento como una muñeca que lleva dentro de sí la peste. Toda mi forma de actuar
se reduce a otro ser que ―en ocasiones ―no me quiere. ¿Quiere de mí la
perfección? ¿Yo, un ser imperfecto, puedo dar una imagen mejor de lo que soy?
Estoy bastante débil como para continuar esta farsa, pero sigo aquí, no sé con qué
fuerza ni con qué esperanza. No sé qué busco, no sé a dónde ir después de aquí.
Mi visión borrosa no ve más allá de mi nariz.
(13-02-17)
Apresurado me dijo que lo hiciera, mientras mi
buen amigo me dijo «no es necesario realmente», en aquel momento viendo a mi
amigo pensé «él no me ama, nunca lo va a hacer». Pero ahora puedo escribirlo
porque ya lo sé… si hubiera conocido en otra circunstancia a mi amigo, yo lo
hubiera amado. Yo a él lo hubiera amado. No fue así, parece como si me
enamorara de la persona equivocada siempre.
(13-03-17)
Me
duele aceptarlo, siempre me ha dolido mirar ante el espejo que me devuelve mi
reflejo sonriendo sin piedad, hacia nadie, ni hacia mí. Es duro mirar que ahí,
en mi pecho hay un hueco. No hay corazón donde debería de haberlo, por eso me
pregunto contantemente: ¿por qué duele? ¿Por qué duele donde no hay? NO HAY
NADA AQUÍ DENTRO ¡QUÉ PARADOJA! ¿Por qué duele realmente? Le pido a aquella imagen
grotesca que me responda, pero no lo hace y me deja sin consuelo toda la noche.
Toda la noche en vela buscando una respuesta. Afortunadamente detrás de esa
puerta negra no se mira más, nadie de afuera puede mirarme, nadie lo sospecha.
Dentro de mi habitación siempre corre sangre.
Paradoja
¡Escribo!
Por fin escribo; con dolor escribo. Duele porque escribo, no, me duele y por
eso escribo. Desorientada busco un consuelo. Hace muchos años supe que ningún
ser humano sería tan fiel como la tinta y el papel. Pero, ¿por qué me duele? No
entiendo, no lo entiendo, ¿por qué lloro? Duele, pero ¿qué duele si tengo un agujero
en mi pecho? El terror no se detiene, nunca sabré de dónde nace este dolor tan
insoportable.
Siento como si conociera una verdad
oculta para los demás y acaso sea mi soberbia encarnada, lo peor de mí. En este
lugar rodeada de gente tan vil, tan ignorante, tan amistosa, pero tan cobarde…
yo conozco una verdad. Conozco el juego de las máscaras y de los títeres. Soy
cruel, soy bondadosa, soy un ser humano que padece un dolor insoportable que no
se ve.
Sé
la cura, la única cura a la locura y al malestar de la herida que no se ve. He gritado
desesperada, oh tan desesperada, nadie oye ¡Clemencia! ¡Ayuda! En las primeras
noches de mi niñez algo me respondió, algo o alguien entre la oscuridad me
susurró cuál era la cura y qué era lo que debía hacer. Sin más, el llanto me
invadió porque la cura era perecer. Con mi propia mano debía de cometer el
delito contra mí, contra este cuerpo lleno de odio, amor y dolor. No puede
existir la bondad sin la maldad, ni la maldad sin la bondad. De pequeña
lloraba, no comprendía por qué el mundo no quiere luz, no, no es el mundo sino
las personas. Queremos vivir entre tinieblas y mierda. Prometí no corromperme,
pero lo hice y hoy heme aquí. Mírenme siendo la persona más vacía. Toda virtud
se me ha escapado en el camino.
(13-03-17)
A
todas las personas que he amado las he herido. A todas las personas que he
querido las he alejado; con mi actitud, con mis palabras, con mi insoportable
compañía. Hace tiempo uno de los que creía
mi amigo, acertadamente dijo: Tú
destruyes a la gente desde dentro.
Soy una mala persona. Soy violenta,
soy cruel, estoy frustrada y anulada, pero lo sé. Prefiero caminar entre todos
sabiendo lo que soy. Consciente de mi hedor. Sabiendo que no puedo amar ni ser
amada… he decidido que… hoy he decidido que nadie me pondrá fin.
Ya no es necesario que se alejen de
mí. Les haré un favor a mí, a ustedes, a todos. ¿Cuándo? No lo sé, pero algún
día cuando caiga profundo lo haré.
(13-03-17)
Me
duele aceptar mi enfermedad. Siempre lo supe. A veces quisiera que todos los
demás supieran cómo es vivir con esto, sé que todos sufrimos, pero tener este
mal en el cerebro te nubla un poco más la visión, te agota a cada minuto, te aísla
de todo y de todos, cualquier roce te duele, sientes que mueres en cada crisis.
Quieres vivir más rápido, cuando tu animo se levanta quieres aprovechar todos
los medios para sentirte bien, quieres sacar todo lo que has guardado por días,
meses, años. Te sientes… ¿libre? Sonríes, sabiendo que la noche ha de caer,
sabiendo que quizá no veas salir el sol porque por fin tomarás La gran decisión. Sabes que convivir con otras
personas no es la mejor opción. Nadie disfruta los momentos con una persona sin
metas ni ilusión. No puedes crear lazos fuertes y duraderos con nadie porque lo
mismo que hoy viene alguien mañana ese alguien se va.
¿Sabes
tú qué hice mal? Otro error atrapado en el pasado, cargo un muerto más en mi
espalda. De vez en cuando habla conmigo para obligarme a recorrer un camino que
no quiero.
He pensado en el amor que ya no
siento por ninguno de los que ya no están. No es amor ni anhelo, es recuerdo y
decepción porque pude haberlo hecho mejor o peor…
Mi rostro pronto cambiará y él me
dice que un amante ha de llegar, no quisiera volver a amar porque creo que
nunca he amado en el momento sino cuando se esfuma el sujeto. Y aunque no
quiero volver a amar, quisiera que alguien me amara.
Dije
que sólo sería sexo. Una vez que abres la puerta puede entrar cualquiera…
¿Sabes?
Los vi platicando, no quise arruinarlo, no dije nada sólo seguí escribiendo.
Creo que sentí celos, pero hasta hoy me pregunto ¿Sentí celos por ella o por
él? No quiero saber…
Un día lo acepté; yo lo hubiera
amado si hubiera llegado antes. A veces me gusta creer que él también siente algo
por mí, algo más allá de cariño y empatía, algo más…
No importa ya. Al menos permanece
cerca y con eso me basta.
Yo
no soy literatura. Quise serlo por eso se lo pedí a él porque confié en él,
creí en él. ¿Yo? Yo tomo lo que observo, todo lo que miro lo mantengo dentro de
mi mente, dentro, muy dentro tiempo después sale todo destilado. Perdónenme si
lo adorno, perdónenme si hago bellos los
destrozos, perdónenme si empobrezco lo que fue grandioso. Todo tiene un
propósito, el dolor es mi materia prima, el llanto mi inspiración. Si tuviera
que culparme no sería por mi forma de amar sino por la manera como obtengo mi
creatividad. ¿Cuánto dolor compro por el florecer de mis letras? ¿Qué tan patética
soy? Y al final no me importa en lo absoluto porque lo hago para que algún desolado
sepa que no es el único…
Tantos
rechazos. La única vez que me fui sin decir adiós… Nueve años ya. Me arrepentí
tanto que me prometí no terminar mal con las personas que aprecio. De manera
irónica todas las separaciones con las personas que aprecié han sido muy
dolorosas. Resulta contraproducente querer quedar en buenos términos, todo
resulta al revés.
Dentro de mí hay algo destructivo,
lo he notado.
Sería
estúpido decir «no me perdonaría matarme». Siento una dualidad dentro de mi
mente. «No quiero morir» digo yo, «hazlo, la vida se repite, todos somos
reemplazables», mi otro yo. Afortunadamente ya no tengo dinero y no son fechas
apropiadas para matarme. No, no es por amor. Estoy decepcionada de todo, de mí,
de todos.
(08-05-17 / 4:03 p.m.)
Otras
veces me he sentido miserable, pero ahora. Ayer fue un día muy doloroso. No lo
odio, pero lo maldije, lo hice… me siento totalmente destruida. Ya no quiero construir
nada. Nada bueno puede surgir de mí ya.
Hace un rato me marcó sólo para
saber si iría a buscarlo. Sentí odio.
Pensar
en él me da ansiedad. No había pensado mucho en él hasta ayer en la noche. Lo
vi el viernes. Estuvo mejor que otras veces aunque me haya echado a la
patrulla. Por eso mismo no lo busqué, no tiene caso ya.
Otras personas, un alma nueva… No
quiero nada nuevo sólo voy a dejar que todo avance y me arrastre. Todo estará
bien.
(23-05-17)
Odio
para la persona que hurtó un amor ajeno. Eres sangre coagulada y ennegrecida
por el tiempo…. Vemos rostros parecidos en nuestro tiempo y espacio, pero
aquellos que amamos desaparecen en la bruma de la madrugada.
Hoy
vi un arcoíris mientras iba en la combi. Por primera vez vi completa su forma
arqueada. Vi una pareja reunirse y señalar hacia el cielo, por alguna razón me
alegré. Quería que más personas lo vieran, quería que otros miraran el arcoíris
conmigo.
(16-07-17)
De
nuevo el malestar ha invadido mi cuerpo y mi ánimo. A simple vista no hay
motivo ni razón para que se doblegue mi espíritu. ¿Entonces? ¿Me gustaría
saber? ¿Será de nuevo el pasado?
El pasado acecha en los momentos de
soledad, los recuerdos se me encajan en la mente, afilados como siempre. Uso
todo artificio para mantenerlos a raya, pero siempre se cuelan.
Que espantoso sentimiento que te
roba las palabras y las ganas de vivir. Sólo tengo que ser paciente y
resistente. No ha llegado la tormenta que destroce mi barca.
(16-08.17)
Días estériles
Ya
se asoma el sol, pero yo he sido más veloz. He ganado en ponerme de pie. Inicio
mis días aún en la oscuridad de la noche y mis piernas se mantienen firmes
aunque pesadas. Camino calles que no creí caminar. Muerdo mi pulgar
nerviosamente, los días son agradables como siempre aunque yo esté angustiada
como siempre.
Tantas veces he pedido en mi mente a
un ser invisible que me quite el peso en el andar, que lave mi mente y me deje
de torturar. Me pregunto por qué mis ruegos se quedan mudos o por qué no son
atendidos. ¿Yo puedo hacer algo?
Hoy
habrá un eclipse que no se repetirá sino hasta el 2024, ¿lo veré?
Me
siento aislada como antes y como casi siempre. Mis brazos portan los tormentos
del ayer. Siento que el tiempo escurre por mi cuerpo, envejeciéndolo, dejando
sólo un recipiente gastado.
Soy un eclipse también, con luz
brillante alrededor de mi oscuridad.
(21-08-17)
―R.A. ―
jueves, 15 de diciembre de 2016
A Laura
Tu
sonrisa; el inicio. Tu llanto; el final. Nunca me voy a perdonar.
Un
año bastó para probar lo mejor. Un año de vida, los demás han sido para
olvidar; todo en vano. No desapareces, nunca lo harás.
Permaneces en mi mente; el sello se
ha roto, me estoy deprimiendo. El hecho de verte en sueños significa el inicio
de mi final. De nuevo miro algún lugar, un sitio distante; nuestro cobijo,
viejo y antiguo refugio de penas y glorias.
Abriste tu puerta, el telón se alzó.
Te presentaste sin máscara, lanzaste tu confianza sobre mí. Un día, después
otro y luego otro… tantos días no bastaron; conquistamos la noche. El tiempo
nunca fue suficiente. El día no estaba completo si no te veía, la noche me
atormentaba si no me abrazabas. Era un niño pequeño, tú una guerrera. Yo
catorce y tu diecisiete.
Aún recuerdo tu aroma, tu piel, tu
perfume, tu refugio. Recuerdo mi fascinación al verte alaciar tu cabellera
oscura, maquillar tu rostro mientras sonreías y me contabas historias. Tu voz…
desearía escuchar tu voz una vez más, sin que fuese el recuerdo de un eco
guardado en mi interior.
Cada día esperaba por ti. Te recibía
con inmensa alegría, me contabas tu día y yo el mío, después a dormir no sin
antes enloquecer con nuestro vicio. El tuyo y el mío. Nuestro año perfecto, ese
que fue nuestro. En mi memoria permanece el recuerdo al verte de vez en cuándo
con tu amante, yo sonreía y me retiraba para dejarte con él. Tú me veías con
pretendientes y enfurecías; amada, nadie te quitaría del altar.
Tú amabas al niño que no se apartaba
de tu lado, tu «muñeco-humano», cuánto adoraba ser tu muñeco-humano. Admirabas
mi apariencia andrógina, mis palabras francas, mis travesuras inocentes.
Acariciabas mi piel mientras yo me acurrucaba entre tus piernas. Tres en uno;
hermana, amiga y amante. «Que el mundo arda, somos nuestros» Éramos nuestros y
el mundo poco importaba. En cada noche una locura, una confesión
Agarraste mi mano, me llevaste
detrás. Probamos, hicimos, destruimos y reímos. Siempre serás mi mentora.
Nuestros sueños, nuestras ilusiones,
todo abandonado en el tejado donde observamos el cielo por última vez, antes de
la noche terrible, antes del final, antes de la traición, antes de escuchar tu
llanto entrecortado, antes de verte a mi lado; de pie, extraviada. «¿Por qué?»,
me preguntabas… «¡Lárgate!», me ordenaste y así me fui, dejando todo en tu
hogar, dejando todo en ti. Y gritaste «Yo te amaba», me seguiste, quisiste
golpearme fue cuándo emití las peores palabras de mi corta vida y te desprecié.
Desde entonces hice de esas palabras mi maldición.
Mi protectora, acudo a ti en cada
caída y bloqueas los dolores presentes. El tiempo pasa, pasó, pero te recuerdo,
te recordaré hasta el final, mi amiga, mi amada, mi mujer… ¿Cuántos años
pasaron? Tuviste una hija, me hubiera gustado estar, pero si yo; ella no. Si
ella; yo no. Sólo quisiera saber… ¿aún me recuerdas, Laura?
viernes, 9 de septiembre de 2016
Grábatelo en la mente y en el corazón
Una
vez más quiero dejar de darle vuelta a las cosas y ser muy clara. A veces intento describir cómo se siente aquí
dentro, pero siempre me estanco, hay algo que me detiene y me jala a no
escribir más. Como si ese ‘algo’ supiera que mi salvavidas es esto; escribir.
Como si se asegurase de destrozar todo lo que me importa y me saca a flote para
sumergirme en la inmensa oscuridad. Ese ‘algo’ sabe que no sé sondear del todo
el abismo, que mis alas se quebraron, que estoy en una constante caída libre. Pero
a veces creo que ese ‘algo’ no es inmisericorde, pues me seda de vez en cuando,
de esta manera dejo de sentir, es en esos momentos en los que más peligro
presento ―reflexiono cuando empiezo a sentir una vez más ―porque nada importa,
de igual forma todos vamos a morir, ¿qué importa si es antes o después? Sólo no quiero que nadie más toque mi vida. Me
han preguntado si quisiera que me mataran y aunque algún día lo pedí, en
realidad no, no quiero que nadie la tome, quiero tomarla yo.
Cuando nada importa veo pasar los días a
través de mi ventana, puedo quedarme en cama todo el día, la tarde y la noche,
pero en ese estado de apatía total se cuela por una rendija la voz de mi madre,
me llama y yo acudo para que no sufra, para que no le duela mi estado
deplorable que ni siquiera a mí me importa, pero a ella sí. Quizá sea porque me
dio la vida, la depositó en mí creyendo que sería feliz y estaría agradecida de
la vida que me dio, ¿cómo hacerle saber lo contrario sin destrozarla? Guardo
silencio. Sonrío. Y es cuando sonrío
cuando se abre paso el dolor, sin darme cuenta me arrolla, empiezo a sentir
poco a poco, poco a poco, poco a poco… despierto, pero con dolor. Las lágrimas
emergen y yo intento regresarlas a su lugar sin que se derramen, sin que haya
testigos, para evitar preguntas incómodas, para no tener que mentir. No sé qué
hacer cuando llega ese ‘algo’. Me siento incapaz de hacer cualquier cosa,
incluso lo que se supone me gusta, sólo quiero que se termine todo, que me
cubra la oscuridad, que me cubra el cuerpo… el alma.
Hay otros días en que despierto de sueños tan
irreales, pero mucho más agradables que esto que llamamos ‘realidad’, me muevo
pesadamente de mi cama a la ventana, corro la cortina, miro el cielo con o sin
nubes es maravillosa su inmensidad ante nuestros ojos; los árboles susurrando
de alguna manera para que no los escuchemos; las aves alzándose a lo lejos, presumiendo su
vuelo; los cerros, el aire, la vida… Es
tan sorprendente, es tan bello. Me pregunto por qué, ¿por qué tal majestuosidad me
desgarra el corazón? ¿Por qué quiero escapar de esto? Siento que no hay nada
para mí, que he llegado demasiado lento, demasiado tarde.
La música me gusta, creo que es el arte que
derrumba a las demás. Es la música la que me mantiene en agonía…
No niego que hay días enteros en los que
trato de llegar a una respuesta adecuada a mi pregunta constante: ¿desde cuándo
me siento así? Aún no me doy la respuesta que me llene de satisfacción. Sé que
fue en mi niñez, sé que fue ahí. Hace unos días recordaba un viejo joyero musical. Al abrirlo salía una
bailarina blanca, cuando le dabas cuerda sonaba una melodía que me hacía sentir
muy melancólica, pero no sólo era eso, la bailarina me inundaba de tristeza
porque pensaba ‘¿por qué debe bailar por siempre al ritmo de esta melodía tan
triste?’, pero aún así la miraba por largos minutos, embelesada. Así es, desde
pequeña he sentido algo oprimiendo mi corazón. Es algo muy estúpido a mi
parecer.
No hay nada peor que la esperanza, cuando la
razón te dice que nada va a cambiar, hay algo que nace de algún lugar y te dice
‘aguarda’, eso es la esperanza. No le temo a la muerte, hay tantos caminos para
llegar a ella, hay caminos largos y cortos; angostos y estrechos; oscuros y
luminosos como el sacrificio. No temo dar el paso, pero algo me detiene y ese
algo creo que es la maldita esperanza. Para ver que no todo es tan malo y que
puede cambiar. Una vil mentira.
Es
probable que no logre acoplarme nuevamente a la vida como si no hubiese pasado
nada. Es difícil mantener la postura cuando siento cómo mis entrañas se
revuelven y se queman, cuando siento cómo mis miembros tiemblan y mis palmas
sudan cuando siento que mis ojos se cierran somnolientos y cansados. Mis sueños
se rompen y se alejan en trizas, llevados por el viento. Mi voz se pierde a lo
lejos, a la distancia en mis pensamientos. Mi cuerpo quiere un abrazo, pero me
siento tan débil como para siquiera aguantarlo. Mis oídos pidieron palabras que
no llegaron. Mi alma quiso ser acariciada una vez más, mi razón dijo «no más».
No más...
Las letras que dejé se oxidaron. Mutilé lo único que me aferraba.
Pareciera que el miedo se quiere apropiar de mi cuerpo, mi mente y mis ideas.
Lo sólido se vuelve agua y se escurre entre mis dedos, la vida me abandona.
Todo día tiene su noche, hay un sol y una
luna. Diario es lo mismo, una y otra vez por los siglos de los siglos. No estoy
feliz de mi existencia. Vivo en un intermedio, arrastrada por el deber, pero
más arrollada por el querer. Creo que la única persona que me lloraría sería mi
madre, la única que se lamentaría sería ella, sí, sería ella. Me duele ver a mi
madre tan cansada de la vida como yo, pero tan aferrada, tan aferrada… Cada
día, al despedirme de ella una lanza me atraviesa el corazón, torpemente
intento ocultar las lágrimas que derramo en el camino. Y me voy, me voy a un
lugar que no quiero a hacer cosas que no quiero y a mirar a personas que no
quiero.
Me siento más y más lejos de todo y
de todos. Como el perro que sabe que ha de morir, cada vez más y más, huraño y
solitario. Desde hace mucho tiempo estuve en espera de la primavera, pero nunca
vi su cercanía, no volví a sentir felicidad sino tormenta.
No me arrepiento de nada sólo de haber nacido,
pero esa no fue mi culpa. Miro el calendario y pienso «Ya va a anochecer», y es
que pronto va a anochecer y no volveré a ver el día ni la tarde, no veré más a
los traidores ni a los amigos ni a los desgraciados ni a los orgullosos, no
veré el espejo. Será la noche más larga y silenciosa, será la noche en la que
cierre alegre mis párpados y piense «todo es mejor ahora».
Hoy una voz en mi interior me dijo: Grábatelo
en la mente y en el corazón; nunca nada será mejor.
- R.A. -
martes, 17 de marzo de 2015
Después de...
Pasaron dos años. Lilián y yo comenzamos a
separarnos poco a poco de manera inexorable. La universidad fue el aislante perfecto para nuestra separación. Cuando inició nuestra relación —después de
salir varias veces a la cisterna, al cine, a museos y demás cosas que hacen los
novios y que yo detesto —estaba consciente de los peligros habidos y por haber.
Quizá ese fue el problema, pensar siempre en el final cuando apenas se
vislumbraba el inicio. No es culpa mía —o quizá lo sea… —tener carrera larga en
mi corta vida. A veces creo que los tormentos fueron demasiado prematuros. Aunque
los tenga en reserva, siempre hay un momento en los que salen del baúl,
desbordando mi pesimismo y fatalidad de los hechos.
Recuerdo cuando Lilián entró a la
universidad; estaba más feliz que un niño con juguete nuevo. Yo me emocionaba
con ella mientras en silencio me estresaba por mis trabajos e investigaciones
pendientes e interminables. A finales de su primer semestre se contagió del mal
del universitario; estrés, ansiedad y cansancio. Con estos tres factores vino
su volubilidad. Mi estrés tampoco pudo mantenerse anónimo por más tiempo. Hubo
peleas y discusiones épicas, aunque fueran por el asunto más trivial. Las
inseguridades tomaron protagónico —he ahí por qué no se debe contar el pasado
amoroso —sumado a todo lo demás estaba el hecho de no verla por semanas a pesar
de nuestra cercanía habitacional.
Antes de la separación, mi amiga de la vida,
Anna me daba muy buenos y desaprovechados consejos, incluso me señalaba con
gran énfasis mis errores —o los que ella creía errores —de una manera muy sutil
noté como se alejaba de mí y se aproximaba más a Lilián. No me molestaba, en un
principio, pues pensaba era normal que se entendieran más de lo que podían
entenderse conmigo; un ser promiscuo y con un falo entre las piernas. Incluso
tenían gustos e intereses comunes, simplemente me sentía arraigado de manera fea.
Anna siempre negó esa preferencia, incluso reprochaba mi «ingratitud» por
abogar siempre por mí y no por mi amada Lilián. Fue entonces cuando decidí no
volver hablar del tema. El abismo entre Anna y yo comenzó por expandirse más y
más…
A finales de mayo, un bonito fin de semana,
Lilián vino a mi casa a recordar que tenía pareja. Después de nuestro lánguido
encuentro sexual tuvimos una pequeña riña. Intenté calmarme y, de paso,
calmarla a ella.
–¿Podemos hablar y dejar de alzar la voz, por
favor? —Pregunté —Mira, yo te amo, pero creo que nos estamos alejando demasiado.
Si queremos seguir juntos debemos de hallar el modo de…
–El problema es que ya no me imagino una vida
contigo —interrumpió —si me quedo contigo es porque no quiero que te quedes
solo. —Probablemente el fuerte crujido de mi corazón no lo escuchó, desde ese
momento medio morí porque desafortunadamente aún sigo respirando. ¡Ay, Lilián!
Mandó mi autoestima y posible orgullo al suelo, de paso lanzó mi amor a una
fosa pestilente y sin fondo. Aún ahora sigue cayendo.
—Entonces no tenemos que seguir esta farsa.
—Me voy a casa.
—Espera —dije, tomándola del brazo. —¿así
terminará todo?
—¿De qué otra forma?
—¿Qué cambió, Lilián?
—Todo…
Por favor, no lo hagas más difícil. Quiero irme.
La solté del brazo, dejé que se fuera. Me
senté en la esquina de mi habitación. Pensaba en el «todo», en las
posibilidades y en las culpas; en los sueños inconclusos; en el pasado
remasterizado que vendría para mí; en mis «amigas» y sus cálidas piernas tratando
de aliviar mi dolor. La repetición de aquel proceso tras un lazo roto. Incluso
pensé en Sarahí… Todo se resumía en «¿qué hice mal?», pero yo ya sabía qué
había hecho mal.
Una semana después —y gracias al cielo —ya
estaba de vacaciones. No tardé en buscar a mi confidente; Anna. Fui a buscarla
a su casa con sumo cuidado, deseando no toparme con Lilián. Por suerte, la
tienda estaba cerrada.
—¡Hey!
—Hola —saludó Anna. Salió. Nos sentamos en el
lugar acostumbrado; en una banqueta frente a su casa. —¿Cómo estás?
—Pues… cansado. Terminé con Lilián…
—¿Terminaste? ¿O ella te terminó a ti?
—Creo que fue en común acuerdo.
—Vamos por un cigarro y me cuentas.
—¡Va~!
Platicamos largo y tendido sobre el asunto.
Me sentí mucho mejor después de hablar con ella. Siempre era así. Mi Anna… Yo
no sabía que esa sería la última vez que hablaríamos en persona. Si hubiera
sabido…
—Piche Lilián, no sé por qué habrá sacado las
garras hasta al último —dijo Anna.
—¿Sabes? Lo sospechaba desde hace unos meses.
Ese distanciamiento y mal humor. Así pasó con Sarahí.
—No las compares. Sarahí no tuvo clemencia.
—¿Y Lilián, sí?
—Mejor dejémoslo así. Quizá sea tu karma por
hacer enojar a tantos ex novios en el pasado. —rió.
—Qué mala eres. —la empujé con mi hombro como
era mi costumbre hacerlo cuando se burlaba de mí. —Aunque también lo he pensado…
tarde o temprano, todo se paga.
—A veces no…
—Ojalá que sí… Lo malo ahora será tu amistad
con ella. Por favor no le menciones nada de mí y a mí no me menciones nada de
lo que ella haga.
—Ay, cálmate. No empieces con tus
pensamientos lúgubres. Ni siquiera pienso seguir hablándole. Siempre te tendré
por encima de cualquier persona. Eres muy importante en mi vida, entiéndelo.
—Gracias, Anna. Tú igual lo eres. Sabes que
te…
—Vamos a fumarnos el otro cigarro.
Un mes después supe que Lilián ya tenía
pareja; un curioso compañero con rasgos ‘ardillezcos’ de la universidad. Me
costó trabajo salir del hoyo, fue tal mi depresión que pensé en desertar de mi
carrera. No sólo fue la noticia de su nueva relación sino la revelación de sus
encuentros con Anna. Ambas seguían saliendo, que a comer que a beber… Nada de
eso me lo dijo mi antigua amiga, yo lo vi por meterme donde no me llamaban.
Malditas redes sociales. Así fue como dejé de verla. En alguna ocasión me mandó
un mensaje, pero después de eso no volvimos a vernos, ni a hablarnos. Aún ahora
deseo no verla porque no sé si las lágrimas saturarían mi rostro o si la rabia
se apoderaría de mí.
Ahora hay dos nuevos columpios vacíos. Me
aferro a lo poco que tengo. Ya no busco refugio en el sexo de alguna
desconocida. Es mi modo de honrar a esas mujeres a las cuales amé. Porque Anna
siempre me insistió en desistir en mi desgaste emocional, porque Lilián aunque
estuviese ocupada con su nueva adquisición sé —o creía saber —que dañaría su
orgullo si volviera a mis antiguas andadas y se enterara. Aunque dudo mucho que
tenga noticias de mí. Para ella soy un muerto o peor aún, soy un personaje
inexistente del que alguna vez leyó.
Ambas mujeres partieron. No me queda mucho
tiempo, por eso prefiero guardarlas en mi mente donde aún viven y aún están a
mi lado, aunque sea una vil mentira.
-R.A.
-
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Amor,
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etc
sábado, 14 de febrero de 2015
¿Dónde guardas el amor?
Esa
misma entrada atropellada, el portazo detrás. Fijamos el lugar. «¿Cama, sillón
o suelo?». Nos tumbamos. El desconocido encima; anhelante. «Apaga la luz», no
queremos ver nuestra vergüenza. Se deshace la realidad, bienvenida oscuridad.
Fuimos bestias dolidas y atormentadas, ahora somos bestias sin sentimientos
pactando por el olvido único y nocturno. «Hoy no existe nadie más», susurra el
extraño.
Aumenta el hambre de amor, porque lo
deseamos y no encontramos, estamos débiles, necesitamos amor. Buscamos en todos
los rincones de nuestro cuerpo. Besamos, lamemos, mordemos, arañamos, pero
¿dónde guardas el amor?
La habitación se inunda de aromas;
los fluidos, la piel, el alcohol, el tabaco… Sentimos extrañas texturas y
corren las lágrimas del cuerpo; el sudor. Somos sólo dos desconocidos pactando
por conseguir el olvido. «Hoy no existe nadie más». Esta noche soy la mujer de
tu vida y tú el hombre de la mía. Despertar uno al lado del otro, desayunar,
platicar, jugar, salir, tomar nuestras manos y caminar yendo de aquí para allá;
teatro, museos, cine, parques. Pudimos hacerlo, pero justo huimos de eso, nadie
nos atará jamás. Que nadie sepa nuestro secreto.
Hoy encontraremos la felicidad.
Aumenta el ritmo, la desesperación, la desesperanza. Te escucho, me escuchas,
explotamos en bienestar. Es el final. Un cuerpo inerte vuelve a caer sobre mí, se aparta, se recuesta. Sonreímos; estamos destrozados, pero reímos del chiste
cruel, del amor.
Ya no es un desconocido, es un compañero
de sentimientos muertos así como yo.
- R.A. -
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