Sólo quedan reminiscencias de aquellos años horribles, mas ya no es mi normalidad. Las personas no exageran al decir que ponerte de pie teniendo depresión es un gran logro. Tantos años 'perdidos', llorados y olvidados en mi habitación sólo mirando a través de la ventana los atardeceres, las noches, como una rosa en su florero. Esperando ser olvidada por la gente que amé, que me amó. Aprender a dejar, a seguir, a olvidar...
Nos han vendido la creencia de ser 'alguien' en la vida a costa de perdernos a nosotros mismos. Un día sonreí al sentirme en paz con la idea de partir al Valinor cuando llegue la hora, porque, aunque no cambié al mundo, sí cambié algunos mundos. Los rostros conocidos, las personas que encontré en el camino: estoy segura de que entré en sus vidas en el momento adecuado, de que cambié su perspectiva y ellas cambiaron la mía; me acompañaron con un farol en mano para sortear mi propia oscuridad.
A diez años de no cumplir la promesa de acabar con mi vida, sigo aquí, escribiendo, ya no en mi madriguera, sino exponiéndome al público, por si mis letras alcanzan a alguien sumergido en sus propias tinieblas y que si tú no lo entiendes, tampoco importa: nunca más agacharé la cabeza ni me avergonzaré de lo que soy, de lo que fui ni de lo que seré.
Al final, la tormenta amainó. Sigo aquí sabiendo que quizá en el futuro vuelva a llover. Supongo que así es la vida; supongo que ya lo he aceptado. Y si mañana me traicionaran los pensamientos y decidiera no seguir, sepan esto: sí, fui feliz. Realmente lo fui, cuando creí que nunca en esta vida lo sería.
Y eso vale más que cualquier desgracia que haya pasado en mi vida.
- R.A.-