miércoles, 12 de febrero de 2020

Suplica y delirio

Tienes que ir a un psicólogo dijo casi suplicándome, «por mí, házlo por mí», dijo igual que mi madre cuando me estaba dejando morir de hambre hace seis años. Nada dije. Miré el cielo y como muchas veces me dejé caer. Traté de escapar a otro lugar, donde fuera. Había dos personas como de mi edad, un poco más grandes tal vez. Se amaban, pero la mujer amaba más al hombre que él a ella. Poco a poco todo se volvió borroso, sólo escuchaba gritos y peleas.
Cerré los ojos para ver aquellos tiempos en los que tomaba del hombro a mis padres y jugaba en mi mente con las palabras «Pa» y «Ma», «Ma» y «Pa». Pronunciar esas palabras y tocar sus hombros mientras viajábamos en auto es el único momento dichoso que conservo en mi mente. Si es que vemos nuestras vidas pasar rápidamente antes de morir sé que veré ese momento, por eso no me da miedo.
«Por favor». Regreso. ¿Por qué todas las personas que amo lloran delante de mí?
«Van…a» ¿quién?, no sé quién es, no sé quién es, no sé quién es… «Por favor».
«No puedes seguir así» *¿me estás retando?* Tal vez no debería pensar en memes, las bromas me han hecho perder a muchas personas y aún así las hago,  ¿por qué no me importo? ¿Por qué me odio tanto? Sólo deja de llorar…
Mira, te enseñaré por qué no voy al psicólogo, ven. Aquí está este agujero, le he aventado novios y amigos para taparlo, le he metido un poco de comida y de videojuegos, pero sólo he conseguido expandirlo, no se llena. He intentado hacer lo que “me gusta”, pero a mí casi nada me gusta… me gusta cocinar, pero hay días en los que no tengo ganas de moverme. No me gusta leer, así es, no me gusta leer, te lo expongo y te lo afirmo, no me gusta leer pese a mi carrera… o tal vez por ella. Ir al psicólogo es hablar con otro ser humano que en el fondo igual te juzga. Ir al psicólogo es llorar y decirle lo mal que te sientes y regresar a casa con ganas de matarte. Ir al psicólogo es cumplir con tareitas como hablar con un desconocido o ahondar en ti mismo para saber a que puto animal crees que te pareces, ir al psicólogo es ponerte metas que no cumplirás, ir al psicólogo es notar como debe existir un profesional para ayudar a un ser humano a sentirse mejor porque el mundo apesta, porque lo han traumado otros seres que también se dicen humanos. Cariño, veme, en todo caso debería ir a un psiquiatra y mírame, mírame, amor, no quiero volver a ir al psiquiatra y ver los muros blancos, no quiero responder preguntas de un cuestionario ni firmar que estoy de acuerdo con todas sus mierdas y que si algo me pasa es por mi culpa como tomarme todos los antidepresivos con agua de jamaica de mi sobrino. Estoy cansada, ¿tú lo estás?
«¿Qué tipo de pensamientos puede tener alguien para ir en contra de su propio instinto de supervivencia?». Oh... recuerdos apuñalan mi cerebro. Perdón. ¿Por qué sigues llorando? ¿Tan importante es para ti?
Suicidio melancólico… todo se ve negro siempre, la vida es fastidiosa y dolorida, no sé valorar mis vínculos, yo también tengo miedo a veces. Hui de todos para atenuar el ruido de afuera, para vivir sin sufrir demasiado y aquí dentro está llorando la persona que amo, ¿tan importante es para ti? ¿Te das cuenta de lo que deseas? Una vida conmigo y yo sólo quiero publicar mi libro…
Lo intentaré, pero deja de llorar, cariño por lo que más quieras ya deja de llorar.
—R.A.

sábado, 14 de septiembre de 2019

"Algo"

Nunca más nos podremos sentar en aquella colina

Recuerdo cosas que otros han olvidado, sé que lo han olvidado. Trato de ocultar el dolor, cada vez más sofocante, no puedo darme el lujo de temblar, uso mis palabras ásperas para que nadie sospeche lo que hay detrás.

Poco a poco la juventud se nos escapa del cuerpo mientras nuestros vicios se acrecentan, no ha muerto nadie de nosotros y alguien debe de hacerlo, tal vez la muerte podría traer el recuerdo a su mente...
Oh, los humanos somos muñecos cansados de bailar...

Éramos tan jóvenes que no lo sabíamos, bebíamos como si no hubiera tiempo, no había futuro, pero estábamos juntos, no sabía que yo era para ustedes el problema... siempre fui el problema y para mí ustedes eran...

Escribo de nuevo antes del amanecer, siento un agujero enorme en mi estómago y en mi pecho. Nada lo llena.

Odio que te hayas llevado a la única persona del pasado que quería seguir viendo mientras seguía con vida y eso nunca, nunca te lo voy a perdonar. Pero no lo diré jamás ante ti porque igual nada va a cambiar. Para esa persona siempre seré la peste. Cómo desearía dejar de bailar, desaparecer por fin de todo.

No creo poder nunca con la vida. 
[20/07/19]
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Ninguno de los vicios de antes me llena ahora, no fumo, no bebo tan seguido ni me drogo, tampoco me corto... es como si hubiera perdido algo, ¿qué?

Veo a todos las personas de mi generación, las cosas marchan, no importa si bien o no, avanzan, y yo no puedo digievolucionar. Soy como un fantasma que no encuentra su cuerpo porque no sabe que yace enterrado en algún lugar de este mundo y que ahora sólo son huesos.

Nunca me voy a encontrar.
[09/19]
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La Muerte me ha dejado tan sola, tanto tiempo esperando aquel día vestida de gala para quedar vestida y alborotada, ¿por qué hasta tu me traicionas? *voz que se escucha a lo lejos* 'sientes que todos te atacan? ¿Por qué será? Siempre traté de ayudarte y como siempre me tratas como una mierda. Bueno aguantate.' *Sonrisa de satisfacción* No, tú no podrás traicionarme ni alejarte demasiado de mí, algún día te miraré cara a cara y te diré 'te dije que antes hubiera sido mejor'.

                                      -Hide/Ren/Yohan

lunes, 21 de mayo de 2018

Irreversible

Vi una película en clase, te recordé. Has quedado tan lejana, pensar que con el tiempo pensaré si todo aquello realmente pasó o si no es alguno de mis delirios. ¿No crees que es sorprendente como puedes estar tan feliz de lo que pasa en tu vida, de la compañía de ciertas personas y de un momento a otro todo eso desaparece? Mi vida ha sido un loop de separaciones dolorosas y ¿sabes? Todo es mi culpa, no tengo idea de cómo no me he matado en tantas noches de desesperación donde mis brazos sangran y mis lágrimas se secan, donde mis gritos sofocados perforan mi garganta.
           Estoy segura que tú me habrías enseñado esa película, por alguna razón no lo hiciste, pero es de tu tipo, sin duda. La habríamos visto, habríamos platicado sobre ella, te habría dicho lo mucho que te quería... Oh... te extraño tanto, cómo desearía que pudieras leer lo que te escribo, como quisiera volver  a escuchar tu risa.
           Tal vez sólo es mi dolor tomando el control de nuevo. En este momento espero la llegada de alguien, así como esperaba tu llegada aquellos años, ¿recuerdas? La ansiedad me consumía, miraba el reloj, sólo quería verte, escuchar lo que me contarías.  No... no lo recuerdas, nunca supiste que te esperaba ansiosa.
           No olvidemos recordarle nuestro amor a los que amamos, no olvidemos visitar a los que amamos, no peleemos con los que amamos... Pocos segundos bastan para que el tiempo lo destruya todo.

          Ya casi son diez años, Laura, pero con los años te encuentro más hermosa, más distante... Con los años reafirmo que la melancolía de tu recuerdo me va a matar.

                                                                                                                         -V.C.

domingo, 27 de agosto de 2017

Miscelánea


(diarios)

Me he sorprendido con las ganas de querer gritar. Gritarlo todo, deshacerme con el  grito. Terminar todo con un grito.
            Sigo sin tener algo que me impulse. Todo lo hago de manera mecánica. Siento como avanza el tiempo y la vida y ambos me arrastran con ellos. Quisiera estar mejor, de verdad, pero hace mucho tiempo tuve claro que jamás podría ser una persona estable. Siempre resguardándome en la tinta y el papel. Soy un muy patético ser.
(30-08-16)

¿Dolor? No sé si sea dolor. Es una sensación extraña, de malestar. Pienso en ti, pero en el de hace unos años cuando eras «mío». Nada siento. Es un recuerdo más amargo que grato.
            Existes aún, allá, lejos con alguien que no soy yo. Ya no me duele que seas feliz con otra persona, ya no me duele pensar que sonríes, ya no me duele imaginar  que la besas ni nada… nada.
            Aunque hace menos de un mes hablamos y de cierta forma me apoyaste, terminaste clavándome por última vez un puñal, ya sin tanto odio. Hasta un beso me tatuaste suavemente, tatuaje que tendré en mi pecho toda la vida…
(29-12-16)


¡Que alguien me libre de este cuerpo! Quiero escapar y correr en el campo con el trasfondo dorado. Dejar esta atadura dolorosa. Un cuerpo caduco destinado a la fosa. Muchos ven en la vida una creación hermosa, pero, ¿cómo pueden permanecer tan apacibles cuando todos estamos destinados a morir siendo arrancado nuestro espíritu de nuestra carne con dolor y llanto?
            Por favor, que alguien venga y me guíe fuera de este cuerpo que me ata. Huir lejos, aislado del mundo, del dolor, de la pena.
            ¡Huyamos todos! Dejemos desolado este mundo.

Esfuérzate por no caer al suelo

En este lugar donde la practicidad rige absolutamente toda nuestra manera de vivir, trato de no caer frente a las personas que quiero, que me quieren y que me ven. No podemos permitir nuestra caída, no podemos ni debemos entorpecer la vía de aquellos que caminan.

Son ilusiones que fueron
Recuerdos ¡ay! Que te engañan,
Sombras del bien que pasó…
Ya te olvidó el que tú amas.

Esa noche y esa luna
Las mismas son que miraran
Indiferentes tu dicha,
Cual ora ven tu desgracia.
―El estudiante de Salamanca―

Me siento como una muñeca que lleva dentro de sí la peste. Toda mi forma de actuar se reduce a otro ser que ―en ocasiones ―no me quiere. ¿Quiere de mí la perfección? ¿Yo, un ser imperfecto, puedo dar una imagen mejor de lo que soy? Estoy bastante débil como para continuar esta farsa, pero sigo aquí, no sé con qué fuerza ni con qué esperanza. No sé qué busco, no sé a dónde ir después de aquí. Mi visión borrosa no ve más allá de mi nariz.
(13-02-17)  

 Apresurado me dijo que lo hiciera, mientras mi buen amigo me dijo «no es necesario realmente», en aquel momento viendo a mi amigo pensé «él no me ama, nunca lo va a hacer». Pero ahora puedo escribirlo porque ya lo sé… si hubiera conocido en otra circunstancia a mi amigo, yo lo hubiera amado. Yo a él lo hubiera amado. No fue así, parece como si me enamorara de la persona equivocada siempre.
(13-03-17)


Me duele aceptarlo, siempre me ha dolido mirar ante el espejo que me devuelve mi reflejo sonriendo sin piedad, hacia nadie, ni hacia mí. Es duro mirar que ahí, en mi pecho hay un hueco. No hay corazón donde debería de haberlo, por eso me pregunto contantemente: ¿por qué duele? ¿Por qué duele donde no hay? NO HAY NADA AQUÍ DENTRO ¡QUÉ PARADOJA! ¿Por qué duele realmente? Le pido a aquella imagen grotesca que me responda, pero no lo hace y me deja sin consuelo toda la noche. Toda la noche en vela buscando una respuesta. Afortunadamente detrás de esa puerta negra no se mira más, nadie de afuera puede mirarme, nadie lo sospecha. Dentro de mi habitación siempre corre sangre.

Paradoja

¡Escribo! Por fin escribo; con dolor escribo. Duele porque escribo, no, me duele y por eso escribo. Desorientada busco un consuelo. Hace muchos años supe que ningún ser humano sería tan fiel como la tinta y el papel. Pero, ¿por qué me duele? No entiendo, no lo entiendo, ¿por qué lloro? Duele, pero ¿qué duele si tengo un agujero en mi pecho? El terror no se detiene, nunca sabré de dónde nace este dolor tan insoportable.
            Siento como si conociera una verdad oculta para los demás y acaso sea mi soberbia encarnada, lo peor de mí. En este lugar rodeada de gente tan vil, tan ignorante, tan amistosa, pero tan cobarde… yo conozco una verdad. Conozco el juego de las máscaras y de los títeres. Soy cruel, soy bondadosa, soy un ser humano que padece un dolor insoportable que no se ve.
Sé la cura, la única cura a la locura y al malestar de la herida que no se ve. He gritado desesperada, oh tan desesperada, nadie oye ¡Clemencia! ¡Ayuda! En las primeras noches de mi niñez algo me respondió, algo o alguien entre la oscuridad me susurró cuál era la cura y qué era lo que debía hacer. Sin más, el llanto me invadió porque la cura era perecer. Con mi propia mano debía de cometer el delito contra mí, contra este cuerpo lleno de odio, amor y dolor. No puede existir la bondad sin la maldad, ni la maldad sin la bondad. De pequeña lloraba, no comprendía por qué el mundo no quiere luz, no, no es el mundo sino las personas. Queremos vivir entre tinieblas y mierda. Prometí no corromperme, pero lo hice y hoy heme aquí. Mírenme siendo la persona más vacía. Toda virtud se me ha escapado en el camino.
(13-03-17)

A todas las personas que he amado las he herido. A todas las personas que he querido las he alejado; con mi actitud, con mis palabras, con mi insoportable compañía. Hace tiempo uno de los que creía  mi  amigo, acertadamente dijo: Tú destruyes a la gente desde dentro.
            Soy una mala persona. Soy violenta, soy cruel, estoy frustrada y anulada, pero lo sé. Prefiero caminar entre todos sabiendo lo que soy. Consciente de mi hedor. Sabiendo que no puedo amar ni ser amada… he decidido que… hoy he decidido que nadie me pondrá fin.
            Ya no es necesario que se alejen de mí. Les haré un favor a mí, a ustedes, a todos. ¿Cuándo? No lo sé, pero algún día cuando caiga profundo lo haré.
(13-03-17)

Me duele aceptar mi enfermedad. Siempre lo supe. A veces quisiera que todos los demás supieran cómo es vivir con esto, sé que todos sufrimos, pero tener este mal en el cerebro te nubla un poco más la visión, te agota a cada minuto, te aísla de todo y de todos, cualquier roce te duele, sientes que mueres en cada crisis. Quieres vivir más rápido, cuando tu animo se levanta quieres aprovechar todos los medios para sentirte bien, quieres sacar todo lo que has guardado por días, meses, años. Te sientes… ¿libre? Sonríes, sabiendo que la noche ha de caer, sabiendo que quizá no veas salir el sol porque por fin tomarás La  gran decisión. Sabes que convivir con otras personas no es la mejor opción. Nadie disfruta los momentos con una persona sin metas ni ilusión. No puedes crear lazos fuertes y duraderos con nadie porque lo mismo que hoy viene alguien mañana ese alguien se va.
           
¿Sabes tú qué hice mal? Otro error atrapado en el pasado, cargo un muerto más en mi espalda. De vez en cuando habla conmigo para obligarme a recorrer un camino que no quiero.
            He pensado en el amor que ya no siento por ninguno de los que ya no están. No es amor ni anhelo, es recuerdo y decepción porque pude haberlo hecho mejor o peor…
            Mi rostro pronto cambiará y él me dice que un amante ha de llegar, no quisiera volver a amar porque creo que nunca he amado en el momento sino cuando se esfuma el sujeto. Y aunque no quiero volver a amar, quisiera que alguien me amara.

Dije que sólo sería sexo. Una vez que abres la puerta puede entrar cualquiera…
¿Sabes? Los vi platicando, no quise arruinarlo, no dije nada sólo seguí escribiendo. Creo que sentí celos, pero hasta hoy me pregunto ¿Sentí celos por ella o por él? No quiero saber…
            Un día lo acepté; yo lo hubiera amado si hubiera llegado antes. A veces me gusta creer que él también siente algo por mí, algo más allá de cariño y empatía, algo más…
            No importa ya. Al menos permanece cerca y con eso me basta.

Yo no soy literatura. Quise serlo por eso se lo pedí a él porque confié en él, creí en él. ¿Yo? Yo tomo lo que observo, todo lo que miro lo mantengo dentro de mi mente, dentro, muy dentro tiempo después sale todo destilado. Perdónenme si lo adorno, perdónenme si  hago bellos los destrozos, perdónenme si empobrezco lo que fue grandioso. Todo tiene un propósito, el dolor es mi materia prima, el llanto mi inspiración. Si tuviera que culparme no sería por mi forma de amar sino por la manera como obtengo mi creatividad. ¿Cuánto dolor compro por el florecer de mis letras? ¿Qué tan patética soy? Y al final no me importa en lo absoluto porque lo hago para que algún desolado sepa que no es el único…

Tantos rechazos. La única vez que me fui sin decir adiós… Nueve años ya. Me arrepentí tanto que me prometí no terminar mal con las personas que aprecio. De manera irónica todas las separaciones con las personas que aprecié han sido muy dolorosas. Resulta contraproducente querer quedar en buenos términos, todo resulta al revés.
            Dentro de mí hay algo destructivo, lo he notado.
Sería estúpido decir «no me perdonaría matarme». Siento una dualidad dentro de mi mente. «No quiero morir» digo yo, «hazlo, la vida se repite, todos somos reemplazables», mi otro yo. Afortunadamente ya no tengo dinero y no son fechas apropiadas para matarme. No, no es por amor. Estoy decepcionada de todo, de mí, de todos.
(08-05-17 / 4:03 p.m.)

Otras veces me he sentido miserable, pero ahora. Ayer fue un día muy doloroso. No lo odio, pero lo maldije, lo hice… me siento totalmente destruida. Ya no quiero construir nada. Nada bueno puede surgir de mí ya.  
            Hace un rato me marcó sólo para saber si iría a buscarlo. Sentí odio.

Pensar en él me da ansiedad. No había pensado mucho en él hasta ayer en la noche. Lo vi el viernes. Estuvo mejor que otras veces aunque me haya echado a la patrulla. Por eso mismo no lo busqué, no tiene caso ya.
            Otras personas, un alma nueva… No quiero nada nuevo sólo voy a dejar que todo avance y me arrastre. Todo estará bien.
(23-05-17)

Odio para la persona que hurtó un amor ajeno. Eres sangre coagulada y ennegrecida por el tiempo…. Vemos rostros parecidos en nuestro tiempo y espacio, pero aquellos que amamos desaparecen en la bruma de la madrugada.

Hoy vi un arcoíris mientras iba en la combi. Por primera vez vi completa su forma arqueada. Vi una pareja reunirse y señalar hacia el cielo, por alguna razón me alegré. Quería que más personas lo vieran, quería que otros miraran el arcoíris conmigo.
(16-07-17)

De nuevo el malestar ha invadido mi cuerpo y mi ánimo. A simple vista no hay motivo ni razón para que se doblegue mi espíritu. ¿Entonces? ¿Me gustaría saber? ¿Será de nuevo el pasado?
            El pasado acecha en los momentos de soledad, los recuerdos se me encajan en la mente, afilados como siempre. Uso todo artificio para mantenerlos a raya, pero siempre se cuelan.
            Que espantoso sentimiento que te roba las palabras y las ganas de vivir. Sólo tengo que ser paciente y resistente. No ha llegado la tormenta que destroce mi barca.
(16-08.17)

  
Días estériles

Ya se asoma el sol, pero yo he sido más veloz. He ganado en ponerme de pie. Inicio mis días aún en la oscuridad de la noche y mis piernas se mantienen firmes aunque pesadas. Camino calles que no creí caminar. Muerdo mi pulgar nerviosamente, los días son agradables como siempre aunque yo esté angustiada como siempre.
            Tantas veces he pedido en mi mente a un ser invisible que me quite el peso en el andar, que lave mi mente y me deje de torturar. Me pregunto por qué mis ruegos se quedan mudos o por qué no son atendidos. ¿Yo puedo hacer algo?
   
Hoy habrá un eclipse que no se repetirá sino hasta el 2024, ¿lo veré?
Me siento aislada como antes y como casi siempre. Mis brazos portan los tormentos del ayer. Siento que el tiempo escurre por mi cuerpo, envejeciéndolo, dejando sólo un recipiente gastado.
            Soy un eclipse también, con luz brillante alrededor de mi oscuridad.
(21-08-17)


―R.A. ―

jueves, 15 de diciembre de 2016

A Laura

Tu sonrisa; el inicio. Tu llanto; el final. Nunca me voy a perdonar.

Un año bastó para probar lo mejor. Un año de vida, los demás han sido para olvidar; todo en vano. No desapareces, nunca lo harás.
            Permaneces en mi mente; el sello se ha roto, me estoy deprimiendo. El hecho de verte en sueños significa el inicio de mi final. De nuevo miro algún lugar, un sitio distante; nuestro cobijo, viejo y antiguo refugio de penas y glorias.
            Abriste tu puerta, el telón se alzó. Te presentaste sin máscara, lanzaste tu confianza sobre mí. Un día, después otro y luego otro… tantos días no bastaron; conquistamos la noche. El tiempo nunca fue suficiente. El día no estaba completo si no te veía, la noche me atormentaba si no me abrazabas. Era un niño pequeño, tú una guerrera. Yo catorce y tu diecisiete.
            Aún recuerdo tu aroma, tu piel, tu perfume, tu refugio. Recuerdo mi fascinación al verte alaciar tu cabellera oscura, maquillar tu rostro mientras sonreías y me contabas historias. Tu voz… desearía escuchar tu voz una vez más, sin que fuese el recuerdo de un eco guardado en mi interior.
            Cada día esperaba por ti. Te recibía con inmensa alegría, me contabas tu día y yo el mío, después a dormir no sin antes enloquecer con nuestro vicio. El tuyo y el mío. Nuestro año perfecto, ese que fue nuestro. En mi memoria permanece el recuerdo al verte de vez en cuándo con tu amante, yo sonreía y me retiraba para dejarte con él. Tú me veías con pretendientes y enfurecías; amada, nadie te quitaría del altar.
            Tú amabas al niño que no se apartaba de tu lado, tu «muñeco-humano», cuánto adoraba ser tu muñeco-humano. Admirabas mi apariencia andrógina, mis palabras francas, mis travesuras inocentes. Acariciabas mi piel mientras yo me acurrucaba entre tus piernas. Tres en uno; hermana, amiga y amante. «Que el mundo arda, somos nuestros» Éramos nuestros y el mundo poco importaba. En cada noche una locura, una confesión
            Agarraste mi mano, me llevaste detrás. Probamos, hicimos, destruimos y reímos. Siempre serás mi mentora.
            Nuestros sueños, nuestras ilusiones, todo abandonado en el tejado donde observamos el cielo por última vez, antes de la noche terrible, antes del final, antes de la traición, antes de escuchar tu llanto entrecortado, antes de verte a mi lado; de pie, extraviada. «¿Por qué?», me preguntabas… «¡Lárgate!», me ordenaste y así me fui, dejando todo en tu hogar, dejando todo en ti. Y gritaste «Yo te amaba», me seguiste, quisiste golpearme fue cuándo emití las peores palabras de mi corta vida y te desprecié. Desde entonces hice de esas palabras mi maldición.

            Mi protectora, acudo a ti en cada caída y bloqueas los dolores presentes. El tiempo pasa, pasó, pero te recuerdo, te recordaré hasta el final, mi amiga, mi amada, mi mujer… ¿Cuántos años pasaron? Tuviste una hija, me hubiera gustado estar, pero si yo; ella no. Si ella; yo no. Sólo quisiera saber… ¿aún me recuerdas, Laura?

viernes, 9 de septiembre de 2016

Grábatelo en la mente y en el corazón

Una vez más quiero dejar de darle vuelta a las cosas y ser muy clara.  A veces intento describir cómo se siente aquí dentro, pero siempre me estanco, hay algo que me detiene y me jala a no escribir más. Como si ese ‘algo’ supiera que mi salvavidas es esto; escribir. Como si se asegurase de destrozar todo lo que me importa y me saca a flote para sumergirme en la inmensa oscuridad. Ese ‘algo’ sabe que no sé sondear del todo el abismo, que mis alas se quebraron, que estoy en una constante caída libre. Pero a veces creo que ese ‘algo’ no es inmisericorde, pues me seda de vez en cuando, de esta manera dejo de sentir, es en esos momentos en los que más peligro presento ―reflexiono cuando empiezo a sentir una vez más ―porque nada importa, de igual forma todos vamos a morir, ¿qué importa si es antes o después?  Sólo no quiero que nadie más toque mi vida. Me han preguntado si quisiera que me mataran y aunque algún día lo pedí, en realidad no, no quiero que nadie la tome, quiero tomarla yo.
Cuando nada importa veo pasar los días a través de mi ventana, puedo quedarme en cama todo el día, la tarde y la noche, pero en ese estado de apatía total se cuela por una rendija la voz de mi madre, me llama y yo acudo para que no sufra, para que no le duela mi estado deplorable que ni siquiera a mí me importa, pero a ella sí. Quizá sea porque me dio la vida, la depositó en mí creyendo que sería feliz y estaría agradecida de la vida que me dio, ¿cómo hacerle saber lo contrario sin destrozarla? Guardo silencio.  Sonrío. Y es cuando sonrío cuando se abre paso el dolor, sin darme cuenta me arrolla, empiezo a sentir poco a poco, poco a poco, poco a poco… despierto, pero con dolor. Las lágrimas emergen y yo intento regresarlas a su lugar sin que se derramen, sin que haya testigos, para evitar preguntas incómodas, para no tener que mentir. No sé qué hacer cuando llega ese ‘algo’. Me siento incapaz de hacer cualquier cosa, incluso lo que se supone me gusta, sólo quiero que se termine todo, que me cubra la oscuridad, que me cubra el cuerpo… el alma.
Hay otros días en que despierto de sueños tan irreales, pero mucho más agradables que esto que llamamos ‘realidad’, me muevo pesadamente de mi cama a la ventana, corro la cortina, miro el cielo con o sin nubes es maravillosa su inmensidad ante nuestros ojos; los árboles susurrando de alguna manera para que no los escuchemos;  las aves alzándose a lo lejos, presumiendo su vuelo;  los cerros, el aire, la vida… Es tan sorprendente, es tan bello. Me pregunto por qué, ¿por qué tal majestuosidad me desgarra el corazón? ¿Por qué quiero escapar de esto? Siento que no hay nada para mí, que he llegado demasiado lento, demasiado tarde.
La música me gusta, creo que es el arte que derrumba a las demás. Es la música la que me mantiene en agonía…
No niego que hay días enteros en los que trato de llegar a una respuesta adecuada a mi pregunta constante: ¿desde cuándo me siento así? Aún no me doy la respuesta que me llene de satisfacción. Sé que fue en mi niñez, sé que fue ahí. Hace unos días recordaba un viejo joyero musical. Al abrirlo salía una bailarina blanca, cuando le dabas cuerda sonaba una melodía que me hacía sentir muy melancólica, pero no sólo era eso, la bailarina me inundaba de tristeza porque pensaba ‘¿por qué debe bailar por siempre al ritmo de esta melodía tan triste?’, pero aún así la miraba por largos minutos, embelesada. Así es, desde pequeña he sentido algo oprimiendo mi corazón. Es algo muy estúpido a mi parecer.

No hay nada peor que la esperanza, cuando la razón te dice que nada va a cambiar, hay algo que nace de algún lugar y te dice ‘aguarda’, eso es la esperanza. No le temo a la muerte, hay tantos caminos para llegar a ella, hay caminos largos y cortos; angostos y estrechos; oscuros y luminosos como el sacrificio. No temo dar el paso, pero algo me detiene y ese algo creo que es la maldita esperanza. Para ver que no todo es tan malo y que puede cambiar. Una vil mentira.
Es probable que no logre acoplarme nuevamente a la vida como si no hubiese pasado nada. Es difícil mantener la postura cuando siento cómo mis entrañas se revuelven y se queman, cuando siento cómo mis miembros tiemblan y mis palmas sudan cuando siento que mis ojos se cierran somnolientos y cansados. Mis sueños se rompen y se alejan en trizas, llevados por el viento. Mi voz se pierde a lo lejos, a la distancia en mis pensamientos. Mi cuerpo quiere un abrazo, pero me siento tan débil como para siquiera aguantarlo. Mis oídos pidieron palabras que no llegaron. Mi alma quiso ser acariciada una vez más, mi razón dijo «no más». No más...
        Las letras que dejé se oxidaron. Mutilé lo único que me aferraba. Pareciera que el miedo se quiere apropiar de mi cuerpo, mi mente y mis ideas. Lo sólido se vuelve agua y se escurre entre mis dedos, la vida me abandona.

Todo día tiene su noche, hay un sol y una luna. Diario es lo mismo, una y otra vez por los siglos de los siglos. No estoy feliz de mi existencia. Vivo en un intermedio, arrastrada por el deber, pero más arrollada por el querer. Creo que la única persona que me lloraría sería mi madre, la única que se lamentaría sería ella, sí, sería ella. Me duele ver a mi madre tan cansada de la vida como yo, pero tan aferrada, tan aferrada… Cada día, al despedirme de ella una lanza me atraviesa el corazón, torpemente intento ocultar las lágrimas que derramo en el camino. Y me voy, me voy a un lugar que no quiero a hacer cosas que no quiero y a mirar a personas que no quiero.
            Me siento más y más lejos de todo y de todos. Como el perro que sabe que ha de morir, cada vez más y más, huraño y solitario. Desde hace mucho tiempo estuve en espera de la primavera, pero nunca vi su cercanía, no volví a sentir felicidad sino tormenta.
No me arrepiento de nada sólo de haber nacido, pero esa no fue mi culpa. Miro el calendario y pienso «Ya va a anochecer», y es que pronto va a anochecer y no volveré a ver el día ni la tarde, no veré más a los traidores ni a los amigos ni a los desgraciados ni a los orgullosos, no veré el espejo. Será la noche más larga y silenciosa, será la noche en la que cierre alegre mis párpados y piense «todo es mejor ahora».

Hoy una voz en mi interior me dijo: Grábatelo en la mente y en el corazón; nunca nada será mejor.
                                                                                                                         - R.A. -

martes, 17 de marzo de 2015

Después de...

Pasaron dos años. Lilián y yo comenzamos a separarnos poco a poco de manera inexorable. La universidad fue el aislante perfecto para nuestra separación. Cuando inició nuestra relación —después de salir varias veces a la cisterna, al cine, a museos y demás cosas que hacen los novios y que yo detesto —estaba consciente de los peligros habidos y por haber. Quizá ese fue el problema, pensar siempre en el final cuando apenas se vislumbraba el inicio. No es culpa mía —o quizá lo sea… —tener carrera larga en mi corta vida. A veces creo que los tormentos fueron demasiado prematuros. Aunque los tenga en reserva, siempre hay un momento en los que salen del baúl, desbordando mi pesimismo y fatalidad de los hechos.
Recuerdo cuando Lilián entró a la universidad; estaba más feliz que un niño con juguete nuevo. Yo me emocionaba con ella mientras en silencio me estresaba por mis trabajos e investigaciones pendientes e interminables. A finales de su primer semestre se contagió del mal del universitario; estrés, ansiedad y cansancio. Con estos tres factores vino su volubilidad. Mi estrés tampoco pudo mantenerse anónimo por más tiempo. Hubo peleas y discusiones épicas, aunque fueran por el asunto más trivial. Las inseguridades tomaron protagónico —he ahí por qué no se debe contar el pasado amoroso —sumado a todo lo demás estaba el hecho de no verla por semanas a pesar de nuestra cercanía habitacional.
Antes de la separación, mi amiga de la vida, Anna me daba muy buenos y desaprovechados consejos, incluso me señalaba con gran énfasis mis errores —o los que ella creía errores —de una manera muy sutil noté como se alejaba de mí y se aproximaba más a Lilián. No me molestaba, en un principio, pues pensaba era normal que se entendieran más de lo que podían entenderse conmigo; un ser promiscuo y con un falo entre las piernas. Incluso tenían gustos e intereses comunes, simplemente me sentía arraigado de manera fea. Anna siempre negó esa preferencia, incluso reprochaba mi «ingratitud» por abogar siempre por mí y no por mi amada Lilián. Fue entonces cuando decidí no volver hablar del tema. El abismo entre Anna y yo comenzó por expandirse más y más…

A finales de mayo, un bonito fin de semana, Lilián vino a mi casa a recordar que tenía pareja. Después de nuestro lánguido encuentro sexual tuvimos una pequeña riña. Intenté calmarme y, de paso, calmarla a ella.
–¿Podemos hablar y dejar de alzar la voz, por favor? —Pregunté —Mira, yo te amo, pero creo que nos estamos alejando demasiado. Si queremos seguir juntos debemos de hallar el modo de…
–El problema es que ya no me imagino una vida contigo —interrumpió —si me quedo contigo es porque no quiero que te quedes solo. —Probablemente el fuerte crujido de mi corazón no lo escuchó, desde ese momento medio morí porque desafortunadamente aún sigo respirando. ¡Ay, Lilián! Mandó mi autoestima y posible orgullo al suelo, de paso lanzó mi amor a una fosa pestilente y sin fondo. Aún ahora sigue cayendo.
—Entonces no tenemos que seguir esta farsa.
—Me voy a casa.
—Espera —dije, tomándola del brazo. —¿así terminará todo?
—¿De qué otra forma?
—¿Qué cambió, Lilián?
—Todo…  Por favor, no lo hagas más difícil. Quiero irme.
La solté del brazo, dejé que se fuera. Me senté en la esquina de mi habitación. Pensaba en el «todo», en las posibilidades y en las culpas; en los sueños inconclusos; en el pasado remasterizado que vendría para mí; en mis «amigas» y sus cálidas piernas tratando de aliviar mi dolor. La repetición de aquel proceso tras un lazo roto. Incluso pensé en Sarahí… Todo se resumía en «¿qué hice mal?», pero yo ya sabía qué había hecho mal.
Una semana después —y gracias al cielo —ya estaba de vacaciones. No tardé en buscar a mi confidente; Anna. Fui a buscarla a su casa con sumo cuidado, deseando no toparme con Lilián. Por suerte, la tienda estaba cerrada.
—¡Hey!
—Hola —saludó Anna. Salió. Nos sentamos en el lugar acostumbrado; en una banqueta frente a su casa. —¿Cómo estás?
—Pues… cansado. Terminé con Lilián…
—¿Terminaste? ¿O ella te terminó a ti?
—Creo que fue en común acuerdo.
—Vamos por un cigarro y me cuentas.
—¡Va~!
Platicamos largo y tendido sobre el asunto. Me sentí mucho mejor después de hablar con ella. Siempre era así. Mi Anna… Yo no sabía que esa sería la última vez que hablaríamos en persona. Si hubiera sabido…
—Piche Lilián, no sé por qué habrá sacado las garras hasta al último —dijo Anna.
—¿Sabes? Lo sospechaba desde hace unos meses. Ese distanciamiento y mal humor. Así pasó con Sarahí.
—No las compares. Sarahí no tuvo clemencia.
—¿Y Lilián, sí?
—Mejor dejémoslo así. Quizá sea tu karma por hacer enojar a tantos ex novios en el pasado. —rió.
—Qué mala eres. —la empujé con mi hombro como era mi costumbre hacerlo cuando se burlaba de mí. —Aunque también lo he pensado… tarde o temprano, todo se paga.
—A veces no…
—Ojalá que sí… Lo malo ahora será tu amistad con ella. Por favor no le menciones nada de mí y a mí no me menciones nada de lo que ella haga.
—Ay, cálmate. No empieces con tus pensamientos lúgubres. Ni siquiera pienso seguir hablándole. Siempre te tendré por encima de cualquier persona. Eres muy importante en mi vida, entiéndelo.
—Gracias, Anna. Tú igual lo eres. Sabes que te…
—Vamos a fumarnos el otro cigarro.

Un mes después supe que Lilián ya tenía pareja; un curioso compañero con rasgos ‘ardillezcos’ de la universidad. Me costó trabajo salir del hoyo, fue tal mi depresión que pensé en desertar de mi carrera. No sólo fue la noticia de su nueva relación sino la revelación de sus encuentros con Anna. Ambas seguían saliendo, que a comer que a beber… Nada de eso me lo dijo mi antigua amiga, yo lo vi por meterme donde no me llamaban. Malditas redes sociales. Así fue como dejé de verla. En alguna ocasión me mandó un mensaje, pero después de eso no volvimos a vernos, ni a hablarnos. Aún ahora deseo no verla porque no sé si las lágrimas saturarían mi rostro o si la rabia se apoderaría de mí.
Ahora hay dos nuevos columpios vacíos. Me aferro a lo poco que tengo. Ya no busco refugio en el sexo de alguna desconocida. Es mi modo de honrar a esas mujeres a las cuales amé. Porque Anna siempre me insistió en desistir en mi desgaste emocional, porque Lilián aunque estuviese ocupada con su nueva adquisición sé —o creía saber —que dañaría su orgullo si volviera a mis antiguas andadas y se enterara. Aunque dudo mucho que tenga noticias de mí. Para ella soy un muerto o peor aún, soy un personaje inexistente del que alguna vez leyó.

Ambas mujeres partieron. No me queda mucho tiempo, por eso prefiero guardarlas en mi mente donde aún viven y aún están a mi lado, aunque sea una vil mentira.


                                                                                      -R.A. -